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El autocontrol de las emociones en la nueva era de los videojuegos

A estas alturas, todos estamos de acuerdo en que los videojuegos han evolucionado a pasos agigantados.  Primero fueron aquellos juegos de ajedrez que aparecieron en los ordenadores de los años 60. En los 70 nace Atari, una de las marcas estrella en la historia de los juegos electrónicos y que se presentó con el Pong, el juego del ping pong versión Arcade. Luego siguieron pasando los años y vinieron los 80, cuando llegó el Pacman para romper con todo lo que se había producido antes y ocupar un lugar privilegiado en la historia por traernos el clásico del comecocos.

Con el tiempo, la evolución en los videojuegos han producido cambios en la profundidad de nuestras costumbres y hemos visto cómo se han revolucionado aspectos culturales, sociales o psicológicos en un abrir y cerrar de ojos. Nuestras conductas han cambiado y hemos llegado a un punto donde muchas de las diversiones que antes encontrábamos fuera de casa las tenemos delante en nuestras pantallas, como los juegos de casino reconvertidos en plataformas por internet para jugar a la nueva online ruleta o al poker interactivo, o aquellos juegos de mesa para compartir tiempo con nuestros amigos convertidos ahora en videojuegos con multijugadores en la red.

Y aquí es donde la evolución de los juegos de consola nos ha traído la posibilidad de competir con gente de cualquier parte del mundo y, con ello, nuevas formas de socializarnos para bien y para mal. Ya hay muchas voces que se quejan de agresiones, insultos y gente tóxica que se aprovecha del anonimato para sacar sus frustraciones y el mal genio a los que comparten partida en algún lugar remoto.

Amazon ha sido uno de los primeros en hacerse eco de estas nuevas reuniones sociales donde no es oro todo lo que reluce y donde la toxicidad social también aparece donde menos te lo esperas. La propuesta es hacer matchmaking, es decir, match entre jugadores que tengan el mismo carácter a la hora de jugar: tóxicos con tóxicos o gente que abandona la partida antes de terminar con otros que actúan de igual forma.

Esta puede ser una buena solución para impedir que un jugador “amargado” te amargue la partida. Por otro lado, esta fórmula impediría que pudieras jugar con aficionados con tu mismo nivel de juego y perderte así una partida emocionante.

Pero hasta que estas nuevas formas de emparejamiento lleguen a ponerse en práctica o tengan un buen resultado para todos, el control de las emociones es una buena táctica para salir airoso en cualquier ambiente tóxico.

Los juegos han venido para quedarse y si queremos aprovecharnos de todo lo bueno que nos han traído, no estaría de más poder asimilar y recoger herramientas que nos sean útiles para controlarnos en los momentos críticos. Algunas son de una gran sencillez, como aquellos primeros videojuegos de la historia:

  • Cuenta hasta 3: cuando el juego se te haya ido de las manos y alguien comente algo que no te ha gustado un pelo, lo mejor es que cuentes 1, 2 y 3 antes de soltar lo primero que se te pasa por la cabeza. Recuerda que los jugadores más exitosos saben dominar sus emociones y se rigen por la razón, no despotrican en cuanto la partida se tuerce. Cuando algo que suceda o se diga reviente tu membrana de la calma, date un tiempo antes de abrir la boca, seguro que si esperas tendrás más controladas las palabras.
  • La técnica de relajación progresiva Jacobson: es un método más complicado que el anterior pero es sumamente eficaz. Se trata de un método de relajación que reduce el estrés y la ansiedad basado en identificar cuándo están tensos los músculos y aprender a relajarlos. Para dominar el procedimiento hay que echarle horas practicando alejados de las pantallas. Se empieza por los brazos, las manos, el cuello, los hombros… y se va recorriendo toda la cadena muscular del cuerpo, tensionando y relajando uno por uno. Con la práctica, se consigue que esta relajación se haga de forma inconsciente mientras se realiza cualquier otra actividad como encontrar un espía en el Watch Dogs Legion.
  • Aliméntate bien: aunque parece obvio, cada vez está más que comprobado aquello de que mens sana in corpore sano. Si tu cuerpo no tiene todos los nutrientes que necesita tu mente se verá afectada y, por lo tanto, podrás sufrir más situaciones de estrés. Los frutos secos, las legumbres, los plátanos o incluso el chocolate (eso sí, que no tenga altas dosis de azúcar) son alimentos con una gran cantidad de triptófano, lo que ayuda a aumentar la serotonina y controlar la ansiedad.
  • Ejercicio físico: también produce serotonina, que es la hormona de la felicidad y mejora el riego sanguíneo, lo que te hará estar más relajado, más feliz y con más energía. Así que lo que te digan los demás sentados en su lugar remoto te la va a traer al pairo.

Y, por último, recuerda que es un juego, que los que insultan lo hacen al aire sin motivos personales y que, lo más seguro, es que no se hayan leído este artículo.

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